Rigoletto no pierde vigencia

La ópera de Giuseppe Verdi escrita en 1851 fue presentada en el Teatro de la Ciudad con una adaptación en los años cincuenta. En la obra pude apreciar que valores como el amor, la pureza y situaciones como la venganza y la desgracia forman parte del ser humano actual y de nuestros antepasados de hace más de 250 años. 1178216999631_max_Rigoletto

Aunque el día de hoy la obra puede presentarse sin ningún problema de censura por considerarse obscena e inmoral como en su estreno. El sentimiento de repudió que sentí al ver la primera escena —una fiesta donde el alcohol y la lujuria son las formas de celebrar de la clase élite— de seguro, fue el mismo que los asistentes de hace más de un cuarto de siglo.

Conocer al Duque de Mantua, interpretado por Arturo Chacón, un hombre mujeriego que no tiene ningún respeto por el amor y que usa a las mujeres nada más para satisfacer sus placeres pasionales, hicieron que le deseará desde el principio de la ópera una final ruin. Si bien es cierto que antes la mujer era vista como un objeto principalmente sexual, en nuestros tiempos esta imagen es simplemente intolerable.

Pienso que la liberación femenina en el siglo pasado y la necesidad de buscar la igualdad entre hombres y mujeres, tal vez incrementan el rechazo y hacen inaceptable que el Duque de Mantua utilice a las damas y haga promesas de amor efímeras que se burlan del verdadero amor.

Creo que hoy la mujer trabaja y busca superarse, pero el amor sigue siendo la punta de Aquiles, el sentimiento que vulnera y doblega igual que siempre. Por lo tanto, ver a Gilda, interpretada por María Alejandres, sufrir la humillación de ser engañada por un falso hombre me une al sentimiento de Riggoleto de ir en busca de venganza.

Me puse analizar la obra y me di cuenta que Riggoleto, en el cuerpo de Genaro Sulvarán, es el protagonista de la obra porque es el personaje con el que el espectador se siente más identificado. La desgracia de su vida rodea la historia de desamor entre Gilda y el Duque de Mantua

Cabe aclarar que la maldición con la que es castigado Riggoleto no fue por buena gente. El protagonista también osó burlarse de otro ícono de los valores morales la castidad y la pureza. A pesar de que se rió del padre de una muchacha que había perdido su virginidad, Riggoleto sabía lo importante que era la castidad, por tal razón cuidaba a su hija, en es especial del Duque de Mantua, él sabía lo que puede ocasionar la deshonra.

La obra también me conmueve en dos sentidos. En el primero Rigoletto previo a la maldición ya es infeliz debido a la posición que ostenta dentro de su sociedad. Él no tiene derecho al llanto, él sólo puede divertir a su jefe el Duque de Mantua que se entretiene burlándose de los demás.

Segundo me cautiva la forma en la que se maneja la muerte y es reflejo clave e nuestra cultura popular. Aparte del final trágico, Rigoletto le explica a Gilda que su madre falleció y es un ángel que los protege a los dos. A pesar de que no somos una sociedad muy apegada a la iglesia como antes; todavía no sabemos manejar bien la idea de ver morir a un ser querido. Hacemos una dulce imagen consoladora donde  pensamos que aquellos que ya no están siguen con nosotros.

En contra parte, también observe otro hábito que no dejará de perseguirnos, el interés por el dinero. La ama de llaves que contrata Rigoletto, y a quien le da toda su confianza para que proteja a Gilda, traiciona al protagonista por un dinero que le ofrece el Duque de Mantua. El dinero es uno de los ejes que mueve al mundo y está bien plasmado, a mi parecer en la obra, porque muestra las formas en las que el poder se corrompe aunque ensalce otros valores.

Considero que uno no sabe lo que es capaz de hacer hasta que el amor o el dinero se cruzan en su vida y sobre esto es lo que gira la obra. Rigoletto es capaz de matar por su hija, mientras que Gilda se sacrifica por su ser amado aunque no sea correspondida y haya sido engañada.

Las voces, de los protagonistas en su mayoría mexicanos y el coro del teatro de Bellas Artes, me ofrecieron una función imposible de olvidar debido a la excelente sincronización entre ellas y las dramáticas actuaciones. La dirección musical a cargo de Luiz Fernando Malheiro le brindan mayor intensidad a todas el mundo de emociones que vi a lo largo de la obra.

Entre las cosas que más me sorprendieron fue la voz de María Alejandres que en sus momentos de gran dolor ella es la voz, porque la Orquesta de Bellas Artes deja de tocar. La sincronía sutil que hay entre ambos es tan buena, que puedes llegar a pensar que la orquesta sigue tocando, pero sólo la voz de la protagonista es la que genera toda la intensidad transmitiéndonos su gran dolor.

Rigoletto es una obra que no ha perdido su vigencia, porque mantiene los valores y las situaciones que aún nos aquejan y nos conmueven. A pesar de que fue escrita hace más de 250 años es importante apreciar esta obra porque podemos vernos reflejados como sociedad en ella, lo que nos indica que no hemos cambiado tanto como creíamos.

PD. No soy experta en ópera. Si desean ver la opinión de un especialista en el tema les recomiendo ampliamente checar la crítica de Noé Mercado.

Published in: on junio 5, 2009 at 3:30 am  Dejar un comentario  
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