Luna de octubre

Son las memorias autobiográficas de Juvenal Acosta Almazán, uno de los mejores maestros que ha tenido este país. Los miles de alumnos que han pasado por las enseñanzas de este gran profesor podrán apreciar los momentos más sublimes, traumáticos y tristes de la vida de este hombre nacido en Tierra Caliente, GuerreroLuna de octubre

A sus 71 años Juvenal recreó toda su existencia en un texto que es una joya de la cultura popular. A pesar de que el libro se centra en su vida, esta bañado de las tradiciones y mitos de su tierra natal que al leerlas parecen sacadas de Cien años de soledad, su infancia parece tan lejana pero en el correr del tiempo todo sucedió ayer. Cualquier lector mayor a los 40 años sabrá de lo que estoy hablando.

Cuando uno asiste a la escuela, los profesores reafirman los valores que nos enseñan en la casa: el amor, el respeto, disciplina, justicia, honestidad, etc. Los alumnos solemos ver a los maestros y directivos como personas muy rectas, sin embargo, en esta obra podemos apreciar que son tan humanos como nosotros. El lector se identifica con el texto porque se cometen errores, se enfrentan a nuestros problemas y vicios

Los estudiantes de Juvenal podrán conocer al joven flaco y delgado de 13 años, apodado La Garrocha, que estudio en la secundaria en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, gracias a una beca. Sabrán de sus aventuras en el internado que van desde quedarse preso una noche por ir al billar hasta ir a recoger el cuerpo de un compañero que falleció en una pelea.

De igual forma el contexto histórico, social y por supuesto geográfico afloran en el texto. En su último año de internado en Ayotzinapa entró un chico callado, Lucio Cabañas, lo que nos demuestra lo influyente e importancia social que tiene el papel de la docencia. Así mismo, conoció y trato a Elba Esther Gordillo y fue testigo de cómo llegó a ser la líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Las historias de amor nunca faltan en un buen libro. Juvenal nos narra como se conocieron sus padres y la forma en la que se enamoró a primera vista de su esposa Laura Alicia Hernández, a quien está dedicado el libro. Sin olvidar el reto más difícil para cada maestro la llegada de sus hijos y educarlos para hacerlos hombres de bien.

Como director elevó el nivel de las escuelas a las que dirigió y podemos apreciar la crítica al sistema educativo actual que cada vez es menos eficiente. Antes de jubilarse obtuvo varios premios como la medalla Ignacio M. Altamirano y la Presea de Honor del Estado de México. Cabe mencionar sus méritos deportivos, jugaba basketball y fue uno de los mejores del país en salto de altura.

Perderse este libro equivale a negarse hacer un recorrido por el siglo pasado. Con Luna de octubre, Juvenal ya no sólo enseña en las aulas, también en la vida.

Published in: on mayo 20, 2009 at 4:23 am  Dejar un comentario  
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